Bojacá, Colombia

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Cra. 5 #6-1 a 6-97,
Bojacá, Cundinamarca, Colombia
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Todo es perfecto; el clima frío, el sol que alumbra fuerte pero no quema, la carretera imponente para avanzar en bicicleta, buena hidratación y un aviso que dice “Bojacá a 20 kilómetros”, no recuerdo mi cara en ese momento pero tener clara la meta me llenó de energía.

Llegar a Bojacá sin saber el camino hace que la aventura suene arriesgada, además que es lo peor que puede pasar “con maps uno no se pierde” es una sensación diferente llegar a un lugar y no a una meta porque todo el cansancio se olvida y empiezo a recargar energías para el regreso. Dejo la bicicleta en un parqueadero “con fe de que cuando regrese aún esté allí” y a caminar.

La primera parada, la iglesia; está iglesia me recuerda el metro bus pues la entrada es igual de complicada, pero estar allí dentro me hace sentir en otra época, tal vez los detalles en dorado, las lámparas clásicas, la estructura en madera o las pinturas de los santos me traigan recuerdos de infancia “no importa lo que sea siempre estoy pendiente de los detalles”.

Por fin a comer y no podía ser otra cosa pues es un pueblo, ‘gallina asada, consomé, chicharrón, pescuezo, longaniza y rellena’ gritan por toda la plaza y la grasa se ve en todas las mesas “lo siento tengo un problema con la grasa” un puesto vacío y una picada de $15.000 y listo para el regreso. Pero el recuerdo de Bojacá es importante, que no se olviden los dulces, el arequipe, las panelitas o la quajada, “recuerdo que de niño siempre me llevaba un juguete”.

Voy por mi bici y doy una vuelta por el pueblo antes de irme, casualmente cerca a la salida está “la zona de entretenimiento” un potrero con karts, tiro al blanco, inflables, juegos mecánicos y como siempre filas. Pero en un lugar como este ni el clima es un problema porque si hace mucho frío le venden la ruana y si hace calor le venden guarapo.

Salgo por la carretera destapada, excelente para ir en bicicleta, a 20 minutos del pueblo están las piedras del chivo negro una atracción natural perfecta para unas cuantas fotos, para toda la familia, para el picnic o para relajarse y respirar tranquilo.

De regreso cruzo por Madrid y por Mosquera para al atardecer estar en Bogotá, centrarme a recordar un buen viaje que tendré que repetir, un día

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